
martes, 29 de diciembre de 2009
domingo, 27 de diciembre de 2009
Espíritu de la noche
Un dedo sobre los labios,
un niño dormido,
un banco solitario bajo la lluvia,
la sombra inquisitiva de unos pétalos rojos sobre un brazo desnudo,
dos margaritas recién pinchadas en un puntiagudo alambre,
un tronco entre la nieve,
el cerco que forman ocho letras luminosas a modo de anillo solar
con tu nombre en el centro.
Oscuridad alrededor…
La risa de un bebé jugando con su pie izquierdo,
tus manos seductoras…
Me alejo, no puedo verte así
mientras te apoyas en la ventana cerrada y tu propio vaho sobre el cristal te impide ver el paisaje;
¿cuál es el cielo al que tú miras? porque sólo tengo ojos para ti
y tú te diluyes por mi aturdida senda.
Te asomas decidido,
hay un malabarista en el jardín,
una botella vacía y cortinas al viento,
… quizá sean las sombras de las ramas salvajes.
La bóveda del cielo escupe una luz mortífera cuando me abres tu puerta, brota mi esperanza, no estás solo…
Me he empeñado en fijar la vista en la hoja de un árbol,
en creerte árbol que empuja sus raíces a un lejano manantial.
Caminamos juntos en la niebla,
podría ser un sueño…
Me abrazas antes de empujar la puerta de tu extraña guarida,
hay una luz tenebrosa…
pero estás tú.
Oigo un piano…
Ya no estás,
te busco con la mirada rota…
sabiendo otra vez que ésa es la luz donde siempre desapareces.
un niño dormido,
un banco solitario bajo la lluvia,
la sombra inquisitiva de unos pétalos rojos sobre un brazo desnudo,
dos margaritas recién pinchadas en un puntiagudo alambre,
un tronco entre la nieve,
el cerco que forman ocho letras luminosas a modo de anillo solar
con tu nombre en el centro.
Oscuridad alrededor…
La risa de un bebé jugando con su pie izquierdo,
tus manos seductoras…
Me alejo, no puedo verte así
mientras te apoyas en la ventana cerrada y tu propio vaho sobre el cristal te impide ver el paisaje;
¿cuál es el cielo al que tú miras? porque sólo tengo ojos para ti
y tú te diluyes por mi aturdida senda.
Te asomas decidido,
hay un malabarista en el jardín,
una botella vacía y cortinas al viento,
… quizá sean las sombras de las ramas salvajes.
La bóveda del cielo escupe una luz mortífera cuando me abres tu puerta, brota mi esperanza, no estás solo…
Me he empeñado en fijar la vista en la hoja de un árbol,
en creerte árbol que empuja sus raíces a un lejano manantial.
Caminamos juntos en la niebla,
podría ser un sueño…
Me abrazas antes de empujar la puerta de tu extraña guarida,
hay una luz tenebrosa…
pero estás tú.
Oigo un piano…
Ya no estás,
te busco con la mirada rota…
sabiendo otra vez que ésa es la luz donde siempre desapareces.
viernes, 25 de diciembre de 2009
jueves, 24 de diciembre de 2009
domingo, 20 de diciembre de 2009
Invierno

Querido invierno:
Ya sé que no gozas de una estima tan grande como otras estaciones. Tu llegada siempre asociada a las bufandas, los pies fríos, el gris y los días cortos, te hace ser un poco menos bienvenido a nuestras vidas, sin embargo, si hoy he salido a la calle a recibirte quiero decirte porqué lo hago. Sabes que nada tiene que ver con las fiestas de las que nunca pude o supe gozar, nada que ver con esos días de lluvia de hace años que tanto añoro y que no has vuelto a traer contigo por estas secas tierras del sur, nada sobre la esperanza de muchos sobre ese inicio de los días un poco más largos… Salgo a tu encuentro porque tus horas de luz no me parecen pocas, porque nunca he sentido el frío hasta cansarme pero sí el calor hasta el agobio; te relaciono a las aguzanieves jugando en pequeños charcos de agua transparente, al precioso paisaje que queda de esas cumbres que veo cada amanecer cuando las blanqueas estos días del año y casi siempre por sorpresa, a la huída de insectos, a la pureza del aire, te asocio a las aceitunas maduras y al humo en la chimenea.
He salido a recibirte ahora que las hojas húmedas de la noche cubren la vereda, con una media sonrisa y un vino dulce en las venas; no porque sea valiente, sino por verme contigo a solas.
Mi querido invierno…
lunes, 14 de diciembre de 2009
El Arco del Triunfo

No quería evitarlo pero tampoco podía,
me faltabas en las notas de un violín tocado en la calle,
en los pétalos de un pensamiento en el jardín, en el anochecer con un cigarrillo a solas…
me faltabas en las notas de un violín tocado en la calle,
en los pétalos de un pensamiento en el jardín, en el anochecer con un cigarrillo a solas…
Fue cuando vi mi reflejo en las fuentes sin agua,
en las hojas al viento que van más allá de lo previsto
y nadie sabe su paradero.
en las hojas al viento que van más allá de lo previsto
y nadie sabe su paradero.
La he traído hasta aquí, por eso.
Ya ves que no pretendo ofender a nadie,
que es un simple recuerdo de algo grande
como símbolo de algo único
a lo que le he cambiado el nombre:
Amor por Amistad (el Triunfo por la Puerta)
Vi tan sólo, que tú no estabas…
sábado, 5 de diciembre de 2009
5 DE DICIEMBRE

PRIMER AÑO VISITANDO EL ACANTILADO
De visita, porque vengo y me quedo un rato colgando mis pies de la roca más alta, pensativa, viendo jugar la marea o subida a los lomos de las aves solitarias en los atardeceres de melancolía cuando inician su danza con el viento; estoy, bajo al mar, trazo en su orilla líneas al azar que luego en la noche se convierten en un príncipe encantado al que no puedo acercarme; recojo con cuidado los mensajes que las botellas vagabundas me dejan en la orilla y los guardo en un lugar secreto donde el mar no llega, son mi tesoro del acantilado, quién sabe si a la espera de un viaje en el futuro donde todos juntos ( los que recibo y los que envío) naveguen para siempre rumbo a la eternidad.
Los sueños imposibles son así.
He subido, he bajado, he vuelto, me he quedado tanto tiempo en brazos de la Luna que he temido perder el camino, he gritado hasta quedarme sin voz pero de mi garganta no ha salido ni un sonido, sólo mis manos al viento deseando casi resbalar al vacío, esperándote siempre, siempre en el límite…El amor y la locura son así.
Ahora, con todo lo que este año ha supuesto de cambios, de despedidas, de dudas, de alegría, de sentimientos, me doy cuenta de que algo dentro de mí permanece intacto e inamovible; es como si el amor que descubrí en las montañas hubiese tomado refugio en mi alma y yo hubiese erigido en un pedestal su nombre para vivir como una adolescente enamorada.
No recuerdo haber volado tan alto en mis sueños ni haberme derrumbado tanto por nada.
La vida también es así…
Gracias a los/las que subís a contemplar desde aquí los atardeceres y a los que os quedáis a veces hasta el amanecer.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




