
Giré el rostro y abarqué con la mirada a los más de cien comensales, casi todos conocidos, algunos amigos, todos totalmente ajenos al flash que a modo de una fotografía furtiva creí vislumbrar. Volví a torcer el cuello lo más discretamente posible y ahí estaba él, su mirada, su serenidad, su semblante tranquilo… No sé qué es pero tiene algo que lo hace distinto no por sí mismo sino por lo que creo ver de ti en él. Formaba parte de un grupo de nueve personas que, alrededor de una de las mesas redondas con mantel blanco de aquel gran salón, se disponía a cenar. Ya es la tercera vez que tengo que modificar la posición para observarle…casi de reojo, y, sí, hay algo en sus rasgos que guarda relación con una imagen mental muy querida. Le miro por cuarta vez y entonces empiezo a echarte de menos de esa manera como cuando lamento morir sin haber cruzado ni tan siquiera de puntillas ese puente que me habría llevado donde tú estás… de haber existido.
Tiene algo tuyo, es algo así como un grano de trigo en una era que pasa desapercibido para todos pero no para el que al acercar el zoom de su cámara descubre esa insignificante diferencia que tanto llama su atención. Cada vez me faltas más y empieza a embargarme la tristeza; se me agolpan los pinchazos de todas las imposibilidades contigo... ¿Qué tiene en su pose que me recuerda tanto a ti? Hago un recuento esta vez intentando atravesar la mirada entre esa gente parlanchina y tragaldabas que casi me lo oculta: El corte de su pelo, el color de su piel, la serenidad de su rostro… Entonces reparo en un detalle antes desapercibido: Su alzacuellos de sacerdote. El misterio acaba desvelándoseme ahora. Es un estado del espíritu, algo magnánimo, algo, que se le parece mucho al color del aura que te envuelve a ti, amor mío; y por un momento habría dado parte de mi vida por tenerte allí conmigo y no sorprenderme buscándote con desesperación en cada rostro, en cada voz, en cada gesto, en cada estado del ser...
3 comentarios:
ojalá pase algo
que te borre de pronto
una luz cegadora
un disparo de nieve
ojalá por lo menos
que me lleve la muerte
para no verte tanto
para no verte siempre
en todos los segundos
en todas las visiones
ojalá que no pueda
tocarte ni en canciones
silvio rodríguez
Ni más ni menos. Gracias, guapa.
Poco duele tanto como la ausencia.
Besicos
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