
La estupidez humana también consiste en desgranar los minutos pensando y creyendo (además con el convencimiento absoluto) que a veces los dioses bajan de su escondite para transformarse en humanos especiales.
Podemos cerrar los ojos, dejarnos llevar por la suave corriente cristalina de unas confiadas aguas, abrirlos sólo para mirar al cielo, volver a cerrarlos, creer otra vez que estamos en tierra firme mientras las aguas empiezan a teñirse de una insólita oscuridad, volver a fijarnos en la orientación del viento e inventar el traje de fiesta más preciado con un hilo entre las manos.
Podemos decirle en la imaginación esas cosas que nunca le diríamos en persona:
" ...quererte así, para que me entiendas ,
es envolverte un regalo con un mimo extremo pensando en cómo tus dedos romperán ese papel al abrirlo,
es comprobar que tu voz no ha cambiado cerrando los ojos un instante para facilitar el viaje de tus palabras hasta el fondo mismo de mi alma,
es desenfocar tu rostro para volver a enfocarlo despacio, recreándome en la nitidez de las líneas que marcan tu perfil, para mí perfecto,
es vibrar con la sintonía de una música que me habla de ti,
es recibir un pinchazo dentro y luego como un mordisco rabioso que primero me paraliza y luego me empuja a la huída cuando despiertas mis celos,
es abreviar tu nombre y escribirlo en la palma de mi mano donde pueda verlo a cada instante con sólo extender mis dedos.
Quererte así es, en definitiva, demostrarme que no hay nada más absurdo, más valioso, más cercano a la locura esplendorosa y más integrado en la felicidad que otros teorizan".
Podemos creer... -era su vida callada, su verano de días grises, ese ave errante que se desorienta cuando comienza la emigración y sobrevive al invierno sólo por una creencia- que no es tan difícil estar en el borde mismo del acantilado (cuando está el viento en calma y las nubes no cubren la bahía, es hasta reconfortante).
Pero el sol se aleja dejando un rastro de vacío y se escucha el sonido cada vez más brutal de las olas contra las rocas desnudas,
y se instala la soledad en el sentimiento y los primeros latigazos del viento te tiran a la cara la realidad del no, de la equivocación.
Y todas las lágrimas son inútiles pero no puedes tragártelas por más tiempo,
y todo tu amor es inútil pero no puedes más con su peso,
y todas tus palabras, todos tus gemidos, todos tus gritos se los lleva el viento para arrojarlos al desierto...
y es entonces cuando desearías tener el valor de cerrar los ojos para dar el último paso, el definitivo, donde por una vez tus lágrimas se fundieran con las del mar
pero para siempre.
Podemos pensar que escribo para ti,
pero tú ya no existes y no puedo decirte nada .
No estás, no me oyes, no puedes quererme, no eres más que mi absurda sensación y el complot de una tormenta para deshojar los árboles.
6 comentarios:
Hoy leo tus palabras que "viajan hasta el fondo de mi alma" y dejan asomar lágrimas calladas....
Qué andaluza eres hasta escribiendo, guapa.
.- Maimai, un beso desde el silencio
.- Pon, aunque lo sea, nunca me sentí andaluza (ni casi de ningún lugar...)
Pues se te sale por los poros, chica.
Hay tormentas que arrasan con todo, demasiado difíciles de soportar...
Bonito escrito guapa
Besitos
.-Pon: :-))
.-Marga: aunque no sé si son peores que cuando se extiende la calma esa pegajosa de lo inerte.
Te abrazo
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