
Te entrego mi todo, amor,
aunque amarte me haga débil;
así te entrego mi vida,
en obstinados renglones
que quieren rasgar la distancia
y se desangran en el turbio mar de tu silencio.
Pero tú, no quieres mi todo ni mi vida ni mis sueños
y se ahoga ese te quiero que sólo es tuyo
como se ahoga un recién nacido en la cuna
engañado por la ilusión de una vida sin vivir.
Y he llegado hasta abominar la vida
cuando no soporto más tu ausencia,
pero pensarás que exagero…
Y te diré que he llorado por ti hasta asustarme,
pero no me creerás si te lo digo…
Ahora, el viento del acantilado
se lleva tu te quiero y mis palabras
y este sentimiento que me vive
porque me duele, amor, hasta pensarte
o que estimes que no es para tanto
lo que es mi vida y mi locura
por amarte así como te amo.


