La atmósfera de tu ausencia cuando se incendia con el viento de mi obsesión. Sólo un paso antes del asesinato del día por las tinieblas donde espera la reina de la noche.
La sensación de la pérdida, de dar la espalda a la vida para quedarte mirando un tren que no tiene parada en tu estación; de pie donde nadie te espera, no quieres regresar al punto donde bajaste impulsada por la ilusión de un viaje sin retorno, por eso te quedas inmóvil, porque sabes que si te giras te arriesgas a caer en el desencanto y aún queman los raíles de la vía.
Y si tengo la libertad para elegir entre las estampas de las frías tierras del norte que trasladaste en tu mirada azul...
...puedo hacer de un día de lluvia, de un tren perdido o esperado, o de dos palomas que se comunican en ruso, un humilde homenaje a una gran mujer: Enero20.
El retrovisor deja atrás un verde que amenaza con engullirte al pasar, un azul en el cielo que casi molesta, flores de almendro apelmazadas, cerezos blancos y pinturas imperfectas en la superficie de un espejo natural.
El paisaje se transforma cuando adivino tenues colores fugaces y forzados sobre el agua, mezcla de imaginación y deseo, y pienso en el suicidio de la luna cada noche que descubre el artificio humano. Luego, la belleza en la permanencia del roble protegiendo con sus últimas hojas del invierno la cuna de los nuevos brotes, me obliga a dejar de mirar atrás y arriba y a seguir adelante, “siempre adelante…”
Escuché que la verdadera esencia de la fotografía era la importancia que tiene para aquel o aquella que la hace, yo añadiría algo y es que cuando alguien te importa mucho, aquello que es digno de su interés se convierte en un regalo cuando lo comparte contigo. Gracias Cristina.