
Cuando vuelvas, le pediré a la tarde que ilumine tu rostro con esa mezcla de colores suaves que son como caricias infantiles, le pediré al mar una ola de bienvenida y el sosiego hecho vida mientras tus ojos se pasean por la línea clara de su horizonte. Cuando vuelvas ya he pensado dónde iremos a ver al menos una puesta de sol y si madrugas te llevaré allí donde el amanecer bosteza antes de abrir sus ojos. Cuando vuelvas tengo pensado contarte mil cosas, aunque luego sabes que apenas te digo nada, que cuando estás a mi lado el mundo y las palabras se retiran a un lugar distinto y en ese silencio yo podría dormirme para siempre.
5 comentarios:
Menudo recibimiento!! Persona afortunada quien lo disfrute...
Con regalos así, no sobran las palabras?
1besote
Yo quiero estar ahí.
Volverá.
Y estaremos. Menos mal.
Te devuelvo una visita de hace tiempo con esta, creo que demasiado postergada...el mundo se me volvió difícil, ahora todo me resulta más hermoso y menos complicado.
¡Que bello se ve todo desde este acantilado!
Acerca de tu bella entrada: cuando él vuelva, tengo palabras, y besos, y caricias de sobra para darle.
Espero que sea esta noche.
Y espero que no me falten nunca...
Un saludo, amiga mia.
¡Hombre virtuoso! esta visita sí que no me la esperaba por el acantilado, ¡gracias por venir!,
y gracias por tanta belleza en la poesía que nos regalas.
Yo también espero que nunca te falte la felicidad.
Besos
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