
Querido invierno:
Ya sé que no gozas de una estima tan grande como otras estaciones. Tu llegada siempre asociada a las bufandas, los pies fríos, el gris y los días cortos, te hace ser un poco menos bienvenido a nuestras vidas, sin embargo, si hoy he salido a la calle a recibirte quiero decirte porqué lo hago. Sabes que nada tiene que ver con las fiestas de las que nunca pude o supe gozar, nada que ver con esos días de lluvia de hace años que tanto añoro y que no has vuelto a traer contigo por estas secas tierras del sur, nada sobre la esperanza de muchos sobre ese inicio de los días un poco más largos… Salgo a tu encuentro porque tus horas de luz no me parecen pocas, porque nunca he sentido el frío hasta cansarme pero sí el calor hasta el agobio; te relaciono a las aguzanieves jugando en pequeños charcos de agua transparente, al precioso paisaje que queda de esas cumbres que veo cada amanecer cuando las blanqueas estos días del año y casi siempre por sorpresa, a la huída de insectos, a la pureza del aire, te asocio a las aceitunas maduras y al humo en la chimenea.
He salido a recibirte ahora que las hojas húmedas de la noche cubren la vereda, con una media sonrisa y un vino dulce en las venas; no porque sea valiente, sino por verme contigo a solas.
Mi querido invierno…
5 comentarios:
Bueno, con vino dulce se pasa mejor cualquier cosa, hasta el invierno.
Mari, qué son las aguzanieves?
Un besote, a ti por relatar ese encuentro a solas, esa sensacion de frio que cala hasta los huesos pero que tu lo calientas con palabras maravillosas...
Las aguzanieves, a las que la mayoría de la gente llama lavanderas y en algunas zonas le dicen también chiribitas, son pajarillos pequeños de tres colores: blanco, gris y negro; en los inviernos, cuando hace frío y llueve, se dejan ver con más frecuencia, es como si fuera su época preferida; de pequeña me encantaba verlas jugar en los charcos de agua desafiando al frío... Al poco de huir las golondrinas, venían ellas tan felices, incluso anidaban en pleno invierno. Supongo que siguen haciéndolo, pero casi no nos cruzamos en el camino y yo ya no las espero como antes, ahora forman parte del recuerdo de una época sin tiempo...
Un besito Pon.
Ah! para mí es gran noticia: ayer y esta noche pasada, llovía como en los viejos tiempos :)) y aunque ahora el sol vuelve a adueñarse del cielo, la tierra sonríe...
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Mar del Norte:
desde aquí te deseo felicidad para estas próximas fiestas y en un abrazo especialmente cálido, agradezco tus palabras y tu compañía. Besosssss
Feliz invierno.
Pues no conozco esos pajaritos pero tienen unos nombres de lo más repreciosos.
Llueve a mares, aquí también, es que no llueve, jarrea que parece Bilbao.
Besitos para tí y para la concurrencia del Acantilado.
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