Tengo un amigo que sabe leer el alma…Mi amigo podría ser cualquiera, pero es mi amigo y eso lo hace distinto a todos.
Me gusta su sonrisa aprendida, tallada en besos y en lágrimas hasta parecer natural, y me gusta su falsa felicidad también aprendida pero que se le ajusta como si se la hubiesen hecho a medida.
Cuando lo miro a lo lejos sé que no se confundiría jamás entre la gente sólo porque es único para mí, es más, lo encuentro cuando no está entre esa gente anónima y única para aquellos que los quieran como yo amo a mi amigo.
Él es ese rostro que a lo lejos alguien me recuerda, esos pasos que atraviesan la calle y cuando doblan la esquina dejan su presencia como imantando un espacio al que me siento atraído sin saber muy bien por qué.
Lo encuentro cuando me duele mucho por dentro, por eso sé que sabe cosas que yo no he aprendido todavía.
Cuando sumido en su recuerdo miro al infinito desde la terraza que divisa el mar de otro amigo cualquiera que no es él, pareciera que está a mi lado mirando el mismo punto perdido entre la bruma. Sé que sufre casi como yo (aunque no por mí), pero además lee lo que muy pocos conocen. Yo estoy aprendiendo algo. Pero no con él. Él sabe lo triste que es a veces lo que se ve… y nunca me enseñaría.
Aún así, quiero tocar esa llama. No tengo dónde ir más allá de sus ojos.
La noche me reduce a una nada invisible, ni siquiera un espacio vacío, oscuridad…
Y luego sombras, nubes en movimiento, un suave sonido, una fugaz sensación, abrir los ojos llenos de arena, un rayo en el desierto, empezar a respirar, girar el rostro… y encontrar ante mí su risa de platino y el movimiento en sus labios diciéndome “¿qué haces ahí?, vamos…”
Entonces lo miro sin verlo, le sonrío y callo, me levanto y ya no está.
Sigo caminando sin el peso ya de mi último jeroglífico. Nunca me dirá lo que lee en él, pero sé que sabe descifrarlo y que no le resulta difícil comprenderlo.
Un día alguien me dijo que era normal enamorarse un poco de nuestros amigos. Yo lo he pensado mucho. Pero no. Yo no estoy “un poco” enamorado de mi amigo.
1 comentario:
"El placer de la amistad no radica tan sólo en una mano extendida, en la bondad de una sonrisa o en el placer de una compañía, sino en la inspiración del espíritu al descubrir que alguien cree en nosotros y está dispuesto a brindarnos su confianza."
Publicar un comentario